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por OLEGARIO ORTEGA —

‘Desgraciadamente, en esta Cataluña, se materializa el tocomocho a cuatro actores, también llamado ‘PUC’. Las opciones reales son nacionalismo o constitucionalismo: el primero con envoltorios a la medida, el segundo, escaso de encontrar y satanizado por los voceros. Los que hemos aprendido a entender la política en términos de derecha y de izquierda, ya no podemos ejercer. Nos han llevado al terreno pre político, al de “lo primero es existir”; una vez conseguido, ya nos organizaremos entre derechas e izquierdas’.
Olegario Ortega

Apreciado, me pides que te dé mi opinión sobre el manifiesto federalismo e izquierdas. Ahí va una primera reflexión.

CiU (y creo que todo el nacionalismo pensante, excluyendo a los rapados vocingleros), ERC, ICV-EUiA y PSC, están exponiendo un mismo y único proyecto, a pesar de las diferencias aparentes. Vuelven a actuar como Partido Único de Cataluña, si es que acaso han dejado de ir en el mismo barco desde el inicio de la democracia. CiU está tratando de no ser sobrepasada electoralmente por ERC, de ahí su fachada de radicalismo mesiánico. Pero su verdadera propuesta política la está llamando ahora “Estado propio”.

ERC propone simplemente la independencia, sin matices. Resulta difícil encontrar diferencias entre ambas propuestas, pero se explica la diferencia de lenguaje y de énfasis debido al historial de ambos partidos y a la percepción genérica del electorado. Por decirlo mediante analogía, ERC actúa de juventudes de CiU, actúa sin complejos y es la proa del barco, tiene poco que perder y mucho que ganar ante un electorado cada vez más caliente y menos entendedor de lo que está pasando en profundidad. CiU actúa como el hermano mayor que debe sujetar el atrevimiento de la juventud y de la inexperiencia, pero sabiendo que los intereses de la familia son los mismos, y eso requiere prudente administración.

El único problema que tiene el PSC es que se ha roto el mito. Su electorado ya ha percibido que el PSC no es el PSOE en Cataluña, que es un partido más del aparato nacionalista y por tanto, que si le vota, lo que hace es reforzar al nacionalismo, vía directa o indirecta. Su situación actual es dramática, próxima a la de un partido marginal. Eso no es una tragedia para el partido, lo es para un electorado que ha sido engañado y timado reiteradamente, a lo largo de su existencia, desde la reunificación. Como sabes, eso tiene una derivada muy, muy grave: el PSOE anda dando bandazos porque su política territorial la ha venido definiendo el PSC; así les va, y así les irá hasta que alguien les suelte en plana cara que ¡es el Estado, estúpido!

Decía que no es una tragedia para el partido, en tanto que aparato. Sus ocupantes acabarán encontrando acomodo en CiU, ERC o PSOE, eso los que no estén ya en situación fáctica de retiro seguro y bien retribuido (algo así como lo que decía Jordi Pujol sobre sus hijos: “Ya los tengo colocados”).

La situación dramática a la que aludía es que ha devenido en una herramienta inútil para controlar “la charnegada” (o la white trash, en lenguaje más fashion). El problema, por tanto, no es del PSC, sino del nacionalismo al que sirve. De hecho, las prisas para la independencia también se deben a esto. El corral está inquieto.

A su falta de credibilidad se suma un liderazgo sin relieve, producto del sálvese quien pueda, y un discurso político que se hace durante el día y se rehace durante la noche. En este hacer y deshacer le han quitado el polvo al federalismo asimétrico de Pasqual Maragall (al que creí en el año 1982 cuando afirmaba que él no era nacionalista, sino catalanista; ya ves, la fuerza de la semántica).

La última vez que estuve escuchando a una portavoz de ICV-EUiA, en un mitin compartido en Hospitalet, dijo que la esencia de su programa era, a diferencia del de CiU que lo acababa de exponer por boca de Carles Campuzano, que ellos también defendían un concierto, pero solidario. De nuevo la magia de la semántica nos hace soñar con revolcarnos sobre la nieve, pero cuando esté calentita.

Tomemos ahora las diferencias entre esas opciones.

Con lo que sueña CiU, y por extensión el nacionalismo, y por inclusión los demás partidos citados, atendiendo al posibilismo, es con un espacio inexpugnable a las instituciones políticas, judiciales, económicas y fiscales españolas, pero dentro de España. Eso sí, darán algún sobrante, porque Cataluña siempre ha sido solidaria. Ya no pueden marear más la perdiz con que la independencia era posible dentro de la Unión Europea, dentro del euro y dentro de sus mercados. La solución: un Estado propio dentro de España.

¡Menudo chollo! No necesitan Ejército, pueden materializar unas estructuras semi medievales, las 400 familias quedan amparadas por instituciones propias, ocupadas por los propios de las mismas familias. Pueden acceder al mercado laboral de España mientras que los españoles quedan vetados en Cataluña (aunque obtengan un nivel C de catalán, seguirán con una pronunciación deficiente, y naturalmente, no darán el perfil). Por lo demás, la población residente tendrá un estatus andorranizado, es decir, unos disfrutan de la legitimidad social y los demás se tendrán que ir mimetizando.

Total, unas cuantas generaciones, un sentimiento de culpa por no ser pata negra, y la facilidad legal ya existente de intercambiar los apellidos. Recuerda que en plena segregación racial en los EEUU había negros que llegaban a notarios, prueba evidente de que lo de la segregación era un mito, que lo que importa es la voluntad de llegar. Fíjate que el aforismo “es catalán quien vive y trabaja en Cataluña” se sustituyó por “es catalán quien vive y trabaja en Cataluña, y tiene voluntad de serlo”.

La independencia de ERC y adláteres es plantear el órdago inviable para que el planteo de CiU asuste menos y se asuma con menos resistencia. En términos campechanos, CiU pone el plan y ERC la estampita del tocomocho. Pero a CiU y a ERC les une el mismo proyecto, los mismos intereses y la misma intención.

Toma ahora el plan de CiU y llámale como lo llama el PSC: federalismo asimétrico. Más de los mismo. Si es federalismo, ¿puede ser asimétrico? ¿Acaso en un rapto de sentido socialista quieren decir que las cuentas siempre deben salir a favor del más débil? ¿Se les ha aparecido la virgen para recordarles el viejo axioma socialista: cada uno aporta según sus posibilidades, cada uno recibe según sus necesidades? ¿No nos dejó perplejos la distinguida Rocío Martínez-Sampere al afirmar que la solidaridad acababa en el Ebro?

Ya ves que el faro, los faros, del movimiento proletario, socialistas y comunistas, son ocupas al servicio de un proyecto reaccionario hasta la médula, sustentado en el narcisismo étnico, en el egoísmo más cruel y desconsiderado y en que los derechos civiles y democráticos, simplemente, no tienen cabida. El electorado hará bien en no escupirles, no hay que perder las formas, pero hará mejor al no votarles.

Desgraciadamente, en esta Cataluña, se materializa el tocomocho a cuatro actores, también llamado PUC. Las opciones reales son nacionalismo o constitucionalismo: el primero con envoltorios a la medida, el segundo, escaso de encontrar y satanizado por los voceros. Los que hemos aprendido a entender la política en términos de derecha y de izquierda, ya no podemos ejercer. Nos han llevado al terreno pre político, al de “lo primero es existir”; una vez conseguido, ya nos organizaremos entre derechas e izquierdas.

Para entonces, amigo, ya estaremos criando malvas. Recibe un abrazo.

Olegario Ortega es vicepresidente de Ágora Socialista