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por JOSÉ DOMINGO —

‘El panorama para la comunidad destinataria del panfleto tiene como intención seducir pero su trasfondo es, cuanto menos, intranquilizador: convertir a los españoles en extranjeros en un contexto inestable social’.

Ha caído en mis manos un folleto de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) dirigido a despejar las dudas de aquellos catalanes castellanohablantes que se sienten españoles y que desean conservar su nacionalidad española en una hipotética Cataluña independiente. La lectura del bando es tranquilizadora: no está prevista ni su ejecución, ni su reclusión en campos de concentración (¡qué bien!) y son informados de que…

  • Cataluña será económicamente viable una vez acabado el expolio fiscal español. Para acreditarlo, toman el trascendental dato de que de los diez países más ricos del mundo nueve son pequeños (Catar, Luxemburgo, Singapur, Noruega, Brunei, Emiratos Árabes, Suiza…). A estos efectos es irrelevante que la mayoría de estos estados tengan el petróleo como principal fuente de riqueza o sean paraísos fiscales. No hay que descartar, por lo tanto, bolsas de petróleo frente al Delta del Ebro o la conversión de Cataluña en las Islas Caimán del Mediterráneo.
  • Los catalanes cobrarán la pensión y, de hecho, con el Estado propio, incluso, mejorarán las prestaciones sociales. Los mecanismos para resolver esa ecuación con un alto nivel de paro y con la población cada vez más envejecida desgraciadamene no son revelados.
  • Ser y sentirse español no es incompatible con querer la soberanía política para Cataluña, por lo que podrán seguir siendo españoles de la misma manera que lo son en Brasil o en Japón. Consuela saber que los independentistas no quieren imponer pasaporte ni echar a nadie.
  • Las personas de lengua castellana no serán marginadas en el nuevo Estado. Podrán continuar hablando este idioma a nivel personal, de la misma forma que lo hacen los que se expresan en árabe, bereber, inglés o francés. Eso sí, para obtener la nacionalidad catalana tendrán que conocer el catalán porque será la lengua propia y común del nuevo país.
  • Podrán mantener la nacionalidad española u optar por la doble nacionalidad porque en el marco de un país europeo occidental nadie debe ser discriminado por razón del pasaporte que elija.
  • No habrá ninguna confrontación, aventuran premonitoriamente. Los afectados pueden sentirse tranquilos porque el proceso de independencia y el Estado propio será respetuoso con sus derechos (los de más arriba), ya que la convivencia social es el bien más preciado y está garantizada.
  • Todo seguirá igual con el Estado propio, porque la independencia no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para crear un Estado más justo y próspero. Y colorín, colorado…

El panfleto (¡en español!) es un manual de delirios, sofismas, falacias, engaños y mala fe. La agenda oculta de un pensamiento totalitario que no es consciente de que lo es.

Visto lo visto y atendiendo al futuro que los conductores del independentismo han preparado para el nuevo Estado, es de desear que la realidad social, política y jurídica haga imposible la nueva Cataluña separada de España con la que desvarían. El panorama para la comunidad destinataria del panfleto tiene como intención seducir (llegan a afirmar que ‘¡Podrás ser lo que quieras sin problemas!’) pero su trasfondo es, cuanto menos, intranquilizador: convertir a los españoles en extranjeros en un contexto inestable social y económicamente, y recluir a los castellanohablantes en el reducido ámbito de lo particular sin ninguna presencia pública oficial ¡Vaya planazo!